Cuando termina la pasión

Ayer, mientras comíamos llegó el fin de la relación. Hacía ya dos años que salíamos y las cosas no iban muy bien. El cariño y el respeto todavía estaban intactos, pero la pasión había terminado por completo. Yo no sé si al él le pasaba lo mismo pero yo ya me fijaba en otros chicos, quería conocer algo más que lo que era mi vida, mi rutina; tan inacabable que pesaba demasiado sobre ambos. Mucha gente de mi entorno piensa que es la típica crisis que se suele pasar a los dos años, pero yo creo que esto es definitivo: dentro de un tiempo podremos tener una relación normal, pero ahora es mejor que no nos veamos y así no caeremos en la tentación de intentarlo un poco más. Cuando el fin de la relación llega no hay que prolongar lo que ya está acabado, lo único que pasa si hacemos eso es que se acaba peor; soy partidaria de cortar por lo sano cuando el río ya no fluye. ¿Qué paso?

El fin de la relación no llega de repente, son los menos casos, sino que es más bien fruto de un proceso en el que la pasión y la emoción ya no son elementos determinantes de la misma relación. Nadie podrá dudar que el principio de la relación tiene la mayoría de los mejores momentos y es porque empezamos a conocernos, a ver los defectos, esos que nos encantan; a compartir nuestra vida, a descubrirnos sexualmente, a intimar, a admirarnos y, sino cuidamos todo esto, con el paso del tiempo, el desgaste acabará con ellos. Además, en una época en la que tenemos todo a nuestro alcance siempre podemos aspirar a más y no conformarnos simplemente con lo que ya tenemos. Esto me parece un factor muy importante a tener en cuenta: está acabando con muchas relaciones que a lo mejor en otro tiempo hubieran prosperado. La clave quizás para que una relación funcione está en que no debemos darlo todo desde el principio sino ofrecer a la pareja la oportunidad de ir descubriendo poco a poco lo que podemos darles, para que así la ilusión y la curiosidad puedan prosperar.

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